és
com
un petó
si
hi
penses
massa
perd
La
Gràcia


Caminar pels carrers de París és sentir l'ànima de dos germans petits en un hipermercat de joguines. Un esperit tan feliç com emocionat. Les coses que no es poden transmetre amb paraules,l'aprenentatge de París. La brillantor als ulls del qui guaita el temple d'occident. Només arribar-hi en rebérem la benvinguda; la fonda brisa d'un aire perfumat i frescor infinita com núvol de sucre. Passejant, a cada racó s'hi descobreixen obres d'art, algunes amagades, fins i tot al metro. L'essència humana que representa aquesta ciutat només es compren passejant pels seus carrers. Qualsevol detall, de vegades són obres faraòniques i de vegades petites esquisiteses, i gastronomies, el grau de sofisticació i bellesa roman sempre en l'aire de París. Flors, llums, fonts i parcs. París és el sinònim més acurat de l'elegància. La plasmació d'uns ideals, l'escultura d'un somni. Ningú s'hi pot resistir, és impossible no caure rendit als braços d'aquesta fantàstica ciutat. El seu grau d'excel·lència, dels restaurants als museus, de les botigues als parcs, dels monuments a la gent. Tot sembla tocat pels àngels, de bellesa exquisidíssima i categòrica, tot al seu lloc perfectament posat. Com si tots els déus s'haguéssin posat d'acord beneïnt-la.
Us presento alguns fragments d'una conferència realitzada dijous passat a la UAB, entorn d'un cercle sobre Nietzsche. Pronunciada per Massimo Desiato i anomenada
DEL VIDRIO A LA DINAMITA
"Vosotros no sabéis nada de lo que vivenciáis, corréis a través de la vida como ebrios y de vez en cuando os caéis de una escalera. Pero gracias a vuestra ebriedad no os rompéis allí las piernas: ¡vuestros músculos están muy lánguidos y vuestra cabeza muy opaca, como para que encontréis tan duros los peldaños de esta escalera, como nosotros los encontramos! Para nosotros la vida es un peligro más grande: somos de vidrio - ¡ay, cuándo nos golpeamos! ¡Y cuando caemos, todo está perdido!"
El anterior pasaje bien puede leerse como una descripción de la condición de la mayoría de los hombres en el turbo-capitalismo. La prisa vuelve ebrios a tal punto que los hombres no saben nada de sus propias vivencias, y cuidado si ya no las tienen, en una suerte de mutación de la condición humana obrada por una nueva configuración. En este estado de capitalismo globalizado y enloquecido por la velocidad de unas tecnologías de la comunicación que aniquilan el tiempo del pensar, y con la capacidad misma del pensar el tiempo mismo, que no pasa de ser el cuadrante del reloj, si hay tropezones, caídas, éstas no son percibidas como tales. La velocidad es tan abrumadora que el golpe pasa inadvertido. Es por eso que, según el pasaje citado, estos hombres no se rompen las piernas. Tal vez, no sólo porque no perciben nada más que el afán de lucro a como de lugar, sino porque no tienen piernas. En todo caso, sus músculos son lánguidos y la cabeza a tal punto opaca que no perciben las duras condiciones de vida a las que los somete el turbo-capitalismo.
Va de suyo que el hombre Nietzsche, a diferencia de Marx, no luchó por ninguna revolución y que no las tenía en mucha estima3. No formó parte de ningún grupo. Fue un hombre solitario. Si un solo hombre no dar lugar a una revolución tal como solemos entenderla, podemos pensar que la metáfora del vidrio es expresión de una experiencia particularmente dolorosa de un hombre dotado de una sensibilidad muy especial. Pero, ¿ y si la revolución la llevara a cabo la textualidad, y si el hombre Nietzsche fuera lo que Foucault llama un “instaurador de discursividad”, en este caso, de un discursividad peligrosa para el turbo-capitalismo? ¿Podría albergarse la esperanza de subvertir el orden constituido? Me apresuro a decir que la respuesta es negativa. Ni con la “dinamita” de la textualidad nietzscheana el capitalismo puede ser derrotado. A tal punto, que después de más de un siglo de la muerte de Nietzsche se ha vuelto más fuerte, más voraz, más salvaje con su velocidad fulminante. Si no se puede subvertir el orden constituido, ¿qué queda entonces?
Se me antoja pensar que puede haber algo así como una “alter-versión”. Pequeños espacios revolucionarios que seguramente Hegel insistiría en llamar “subjetivismo desesperado” al no reconciliarse las contradicciones internas al sistema. Pero, tal vez, ese sea un problema de Hegel. Mí problema es doble. Primero, debo todavía contestar cómo, ahora dicho de forma más precisa, puede un hombre de vidrio crear una textualidad de “dinamita”. Segundo, debo describir a grandes rasgos qué es esta “alter-versión” que acabo de introducir en la textualidad aquí presente en estas hojas que fueron blancas. Por razones de tiempo, usaré principalmente, mas no exclusivamente, “Ecce homo”, el texto más rico y fértil en lo que a la cuestión atañe.
Dinamita de la “alter-versión”, las minuciosas acotaciones que la textualidad nietzcheana recoge sobre la vida de un hombre frágil – y sólo desde la fragilidad se puede concebir una noción como la del “más-allá-del–hombre”, él también, tan precario en sus tonalidades anímicas, en su ir “más allá del bien y del mal” sin volverse un inmoral, según el uso corriente del término - pueden otorgarnos importantes sugerencias para defendernos con un “gasto razonable”. En fin, que el capitalismo no nos cueste demasiado caro en términos existenciales, que no nos vuelva pobres de la peor pobreza, de aquella que ningún pan satisfará: la pobreza de ser sólo humano como posibilidad. Podemos decir que el capitalismo lleva a cabo una metódica eliminación de pensar la propia vida como examen de sí, promueve, a través de la cultura del consumismo, el desconocimiento de uno mismo, de lo que se es y se debe llegar a ser, que el ser lo que uno es nunca se da inmediatamente sino que es el resultado de un largo esfuerzo. El capitalismo insta a malentenderse, a empequeñecerse, a estrecharse, a volverse mediocre.
Si el capitalismo es amorfo y quiere hombres igualmente amorfos que puedan asumir cualquier identidad en un mercado de identidades, Nietzsche sostiene que el hombre, cada hombre, es algo que debe llegar a ser lo que es a punta de la famosa “filosofía del martillo”, que no sólo rompe y destruye, de manera semejante a la dinamita, sino que también esculpe. La “filosofía del martillo” es también la filosofía del escultor”. Ser el escultor de uno mismo significa recombinarse como el sistema no esperaba.
Sobre la figura del filósofo como algo peligroso la textualidad nietzscheana había hablado ya en “Más allá del bien y del mal”. Allí puede leerse que “un nuevo género de filósofos está apareciendo en el horizonte: yo me atrevo a bautizarlos con un nombre no exento de peligros. Tal como yo los adivino, tal como ellos se dejan adivinar – pues forma parte de su naturaleza el querer seguir siendo enigmas en algún punto -, esos filósofos del futuro podrían ser llamados con razón, acaso también sin razón, tentadores. Este nombre mismo es, en última instancia, sólo una tentativa y, si se quiere, una tentación”.
El asco que le producía al hombre Nietzsche vivir ya en la cultura decadente de su época, que sigue siendo la nuestra pero con turbinas, le hace escribir cosas como esta: “La náusea frente a la suciedad puede ser tan grande que nos impide limpiarnos...”. Sucede que resulta difícil no experimentar una sensación parecida a la anterior cuando uno observa el turbo-capitalismo utilizar a “(...)la sociedad misma como un medio de guerra”
(...)
Por lo demás, el turbo-capitalismo puede ser considerado como un estado de enfermedad al fomentar la exageración, la desproporción, la falta de armonía en casi todas las dimensiones de la vida. Será por eso, que la textualidad nietzcheana define, a cierta altura, el bien como “una dieta que protege de la exageración, de la falta de armonía y de proporción”. Una dieta a la que el hombre de vidrio debe atenerse para poder seguir siendo dinamita.
(...)
Creo que ahora puede comprenderse que el vidrio - y aún más si está en pedazos – corta, hiere, es peligroso. Será por eso, tal vez, que la textualidad nietzcheana es fragmentaria, despedazada y cortante. El vidrio es como las esquirlas de la granada del “a-tentador”, del “filósofo del terror”, como me gustaría llamar a Nietzsche,
(...)
me despido con el siguiente aforismo extraído de “mi mano invisible” de “Humano, demasiado humano”. Dice así:
“Sólo hasta cierto punto la posesión vuelve al hombre más independiente, más libre: un grado más allá – y la posesión se transforma en dueño, y el poseedor en su esclavo: como tal debe sacrificarle su tiempo, su pensamiento, y desde ese instante se ve obligado a tener una relación, clavado en un lugar, incorporado en un Estado – y todo esto en contra de su más íntima y esencial necesidad”: Ser vidrio, ser dinamita.















Club Insomni *(1)
















Well...this should be the first drawing in the gallery. It's like a family portrait of the main characters that apear in my paranoico-critic deliriums...
It's what keeps you living... it will make you suffer (and you will love it ) forever.
I was wondering if it was so easy to do a work full of all the kind of mature content it asks you when you submit a deviation... here's the result
This is Hate... Chained in a cave near the center of the world by LEVIATHAN, an enourmous hydra. Hate was mutilated and half-devoured by a wolf and a raven. Now he waits the day when he will recover his body and reconquer his kingdom...
Funny things to all sadistic self-destructive nihilists
Cruelty as a forgotten value against the spiritual weakness caused by the judeochristian transvalorization of all values.