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dimarts, 24 de novembre de 2009

De Nietzsche a l'esquerra llibertaria?

Us presento alguns fragments d'una conferència realitzada dijous passat a la UAB, entorn d'un cercle sobre Nietzsche. Pronunciada per Massimo Desiato i anomenada


DEL VIDRIO A LA DINAMITA

"Vosotros no sabéis nada de lo que vivenciáis, corréis a través de la vida como ebrios y de vez en cuando os caéis de una escalera. Pero gracias a vuestra ebriedad no os rompéis allí las piernas: ¡vuestros músculos están muy lánguidos y vuestra cabeza muy opaca, como para que encontréis tan duros los peldaños de esta escalera, como nosotros los encontramos! Para nosotros la vida es un peligro más grande: somos de vidrio - ¡ay, cuándo nos golpeamos! ¡Y cuando caemos, todo está perdido!"

El anterior pasaje bien puede leerse como una descripción de la condición de la mayoría de los hombres en el turbo-capitalismo. La prisa vuelve ebrios a tal punto que los hombres no saben nada de sus propias vivencias, y cuidado si ya no las tienen, en una suerte de mutación de la condición humana obrada por una nueva configuración. En este estado de capitalismo globalizado y enloquecido por la velocidad de unas tecnologías de la comunicación que aniquilan el tiempo del pensar, y con la capacidad misma del pensar el tiempo mismo, que no pasa de ser el cuadrante del reloj, si hay tropezones, caídas, éstas no son percibidas como tales. La velocidad es tan abrumadora que el golpe pasa inadvertido. Es por eso que, según el pasaje citado, estos hombres no se rompen las piernas. Tal vez, no sólo porque no perciben nada más que el afán de lucro a como de lugar, sino porque no tienen piernas. En todo caso, sus músculos son lánguidos y la cabeza a tal punto opaca que no perciben las duras condiciones de vida a las que los somete el turbo-capitalismo.

Existe, sin embargo, otro tipo de hombres que, aún viviendo en el turbo-capitalismo, lo padecen con toda conciencia y con el peligro correspondiente. Son los hombres que Nietzsche llama de “vidrio”, hombres cuya sensibilidad hace que para ellos la vida misma sea un peligro. En cualquier momento se golpean, caen, y se parten. Quebrados, para ellos, todo está perdido.

(...)

Va de suyo que el hombre Nietzsche, a diferencia de Marx, no luchó por ninguna revolución y que no las tenía en mucha estima3. No formó parte de ningún grupo. Fue un hombre solitario. Si un solo hombre no dar lugar a una revolución tal como solemos entenderla, podemos pensar que la metáfora del vidrio es expresión de una experiencia particularmente dolorosa de un hombre dotado de una sensibilidad muy especial. Pero, ¿ y si la revolución la llevara a cabo la textualidad, y si el hombre Nietzsche fuera lo que Foucault llama un “instaurador de discursividad”, en este caso, de un discursividad peligrosa para el turbo-capitalismo? ¿Podría albergarse la esperanza de subvertir el orden constituido? Me apresuro a decir que la respuesta es negativa. Ni con la “dinamita” de la textualidad nietzscheana el capitalismo puede ser derrotado. A tal punto, que después de más de un siglo de la muerte de Nietzsche se ha vuelto más fuerte, más voraz, más salvaje con su velocidad fulminante. Si no se puede subvertir el orden constituido, ¿qué queda entonces?

Se me antoja pensar que puede haber algo así como una “alter-versión”. Pequeños espacios revolucionarios que seguramente Hegel insistiría en llamar “subjetivismo desesperado” al no reconciliarse las contradicciones internas al sistema. Pero, tal vez, ese sea un problema de Hegel. Mí problema es doble. Primero, debo todavía contestar cómo, ahora dicho de forma más precisa, puede un hombre de vidrio crear una textualidad de “dinamita”. Segundo, debo describir a grandes rasgos qué es esta “alter-versión” que acabo de introducir en la textualidad aquí presente en estas hojas que fueron blancas. Por razones de tiempo, usaré principalmente, mas no exclusivamente, “Ecce homo”, el texto más rico y fértil en lo que a la cuestión atañe.

Empezaré rastreando los parágrafos que pueden dar lugar a la “alter-versión” de la que vengo hablando”. Como es de rigor, le compete primero a la “dinamita”: “ Conozco mi suerte. Alguna vez irá unido a mi nombre el recuerdo de algo gigantesco, - de una crisis como jamás la había ido en la tierra, de la más profunda colisión de conciencia, de una decisión tomada, mediante un conjuro, contra todo lo que hasta ese momento se había creído, exigido, santificado. Yo no soy un hombre, soy dinamita. – Y a pesar de todo esto, nada hay en mí de fundador de una religión; las religiones son asuntos de la plebe, yo siento la necesidad de lavarme las manos después de haber estado en contacto con personas religiosas... No quiero ‘creyentes’, pienso que soy demasiado maligno para creer en mí mismo, no hablo jamás a las masas...”

Que la “alter-versión” no sea una revolución tal como las conocemos hasta hoy, resulta claro por el repudio de las masas enfatizado por Nietzsche. También por se rechazo de las religiones, y ya la historia nos ha mostrado la afinidad que hay entre la revolución y la religión, esa fe que en la ex URSS llevó a contradecir hasta los hechos más evidentes en el ámbito de la biología y otras disciplinas científicas. Nietzsche lleva tan lejos su voluntad de sospecha que duda hasta de sí mismo porque bien sabe que allí también puede anidarse el lenguaje de las masas, de aquellos hombres que no son de vidrio, de aquellos que tienen la “cabeza opaca”. Y aún así, esta “alter-versión” irá contra todo lo que hasta ahora ha sido santificado, esto es, considerado como no discutible. Parece, entonces, tener alguna característica revolucionaria: crear espacios nuevos, espacios de libertad.


Ser “dinamita” significa para Nietzsche poseer una salud existencial que se plasma en la capacidad de defensa y ataque. Aquel que no sabe desembarazarse de nada, liquidar o rechazar asuntos pendientes, está preso del hedor de aquello que lo rodea, en nuestro caso, el turbo-capitalismo. Se llega a hablar textualmente de “instinto de autodefensa”: “Muchas cosas no verlas, no oírlas, no dejar que se nos acerquen – primera cordura, primera prueba de que no se es un azar, sino una necesidad. La palabra corriente para expresar tal instinto de autodefensa gusto


El “gusto”, léase, un estilo de vida armónico, equilibrado, apropiado demanda un no ver y oír los desmanes de un sistema económico y cultural que, no pudiendo ser subvertido, debe, al menos, ser soportado lo menos posible.

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Nietzsche insiste y habla de “gastos defensivos”: “El rechazar, el no-dejar-acercarse a las cosas, es un gasto .- no haya engaño en esto -, una fuerza derrochada en finalidades negativas. Simplemente por la necesidad constante de defenderse puede uno llegar a volverse tan débil que no pueda ya defenderse”. El simple vivir en un sistema turbo-capitalista implica una atenta economía de los gastos defensivos. Defenderse contra tal sistema es de por sí un derroche. Y hay que cuidar de las propias fuerzas: en ausencia de una revolución que libere del capitalismo, que no se vuelva ella misma autoritaria, hay que evitar enganchar batalla contra la velocidad del sistema, pues entrar continuamente en combates defensivos puede llevar a no tener luego ninguna protección contra las amenazas y agresiones puntuales del estilo de vida imperante en nuestro mundo.

No se crea, por tanto, que un supuesto retirarse del mundo, una actitud de ermitaño, de asceta conserve las fuerzas. Hacerse con espacios propios – lo que otros llamarían soledad – inclusive en una postura que podría parecer “pasiva”, implica un desgaste de fuerzas: es un aactividad. Un desgaste que – es importante destacarlo una vez más – Nietzsche considera como “derroche”

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Lo que implica que normalmente hay que “hacerse el muerto”, seguir la corriente, emboscar el sistema, llevar una “guerra de guerrillas”, una lucha individual o de grupitos: ser el “terrorista” que ataca el capitalismo cuando menos se lo espera, a sabiendas de que no ganará la lucha en el sentido de liberar a todos, sino, a veces, puntualmente, liberarse a sí mismo.

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El terror que padece el capitalismo es que muchas personas se enteren de semejantes tácticas. Su velocidad, su ser “turbo” y “turbio” es su ataque mayor a la capacidad de elaborar estrategias como estas, estrategias de liberación que no pasen por un movimiento general de la sociedad,

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Dinamita de la “alter-versión”, las minuciosas acotaciones que la textualidad nietzcheana recoge sobre la vida de un hombre frágil – y sólo desde la fragilidad se puede concebir una noción como la del “más-allá-del–hombre”, él también, tan precario en sus tonalidades anímicas, en su ir “más allá del bien y del mal” sin volverse un inmoral, según el uso corriente del término - pueden otorgarnos importantes sugerencias para defendernos con un “gasto razonable”. En fin, que el capitalismo no nos cueste demasiado caro en términos existenciales, que no nos vuelva pobres de la peor pobreza, de aquella que ningún pan satisfará: la pobreza de ser sólo humano como posibilidad. Podemos decir que el capitalismo lleva a cabo una metódica eliminación de pensar la propia vida como examen de sí, promueve, a través de la cultura del consumismo, el desconocimiento de uno mismo, de lo que se es y se debe llegar a ser, que el ser lo que uno es nunca se da inmediatamente sino que es el resultado de un largo esfuerzo. El capitalismo insta a malentenderse, a empequeñecerse, a estrecharse, a volverse mediocre.

Contra esto, pensar a la manera como Nietzsche concibe el filosofar nos lleva a comprender mejor este pasaje, relacionado con los explosivos: “Sobre cómo concibo yo al filósofo, como una terrible materia explosiva, ante la cual todo se encuentra en peligro, sobre cómo separo yo miles de millas mi concepto ‘filósofo’ de un concepto que comprende en sí todavía incluso a Kant, para no hablar de los ‘rumiantes’ académicos y otros catedráticos de filosofía.” Frente a la peligrosidad de la vida, que el hombre de vidrio experimenta en máximo grado, se responde con el peligro de ser un explosivo, una “dinamita”. El filósofo, como buen “terrorista”, coloca bombas conceptuales o expresiones verbales allí donde el “sano” sentido común sólo ve lo acostumbrado, lo usual. En el fondo, la ideología capitalista capitula con extrema facilidad frente a un filósofo dispuesto a reflexionar sobre la vida cotidiana.

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Si el capitalismo es amorfo y quiere hombres igualmente amorfos que puedan asumir cualquier identidad en un mercado de identidades, Nietzsche sostiene que el hombre, cada hombre, es algo que debe llegar a ser lo que es a punta de la famosa “filosofía del martillo”, que no sólo rompe y destruye, de manera semejante a la dinamita, sino que también esculpe. La “filosofía del martillo” es también la filosofía del escultor”. Ser el escultor de uno mismo significa recombinarse como el sistema no esperaba.

Sobre la figura del filósofo como algo peligroso la textualidad nietzscheana había hablado ya en “Más allá del bien y del mal”. Allí puede leerse que “un nuevo género de filósofos está apareciendo en el horizonte: yo me atrevo a bautizarlos con un nombre no exento de peligros. Tal como yo los adivino, tal como ellos se dejan adivinar – pues forma parte de su naturaleza el querer seguir siendo enigmas en algún punto -, esos filósofos del futuro podrían ser llamados con razón, acaso también sin razón, tentadores. Este nombre mismo es, en última instancia, sólo una tentativa y, si se quiere, una tentación”.

Como puede verse, el ser algo de vidrio no impide ser de dinamita, pues se llega a instigar a tentar. ¿Tentación de qué? ¿En qué sentido se es “tentador”? O habría que decir con mayor rigor, “a-tentador” y emplear el verbo “a-tentar”. El filósofo que esta textualidad propone, y que fue el propio Nietzsche, es subversivo en grado sumo al proponer “alter-versiones” que son otras versiones fuera de la del turbo-capitalismo. La tentación es llegar a ser lo que uno es y no lo que las anónimas estructuras de opresión quieren que uno sea. El mismo hecho de proponer un filósofo así es una tentación y un “a-tentado” a la decadente academia que en nuestros tiempos obliga a los “turbo-papers”. El “Tratado de Boloña” es un insulto a una de las primeras universidades del mundo. De hecho, en cierto sentido, mata a la universidad como “tiempo largo del pensar”, como ritmo acompasado de algo que a veces se deja pensar cuando le place ser pensado.

(...)

Hay que saber reservarse: ésta es la más fuerte prueba de independencia” Esta “reserva” tiene que ver con la economía del “quantum de fuerzas”, con los “gastos defensivos” del que se habla en “Ecce homo”. La independencia, a su vez, es necesaria para poseer el espacio, el “claro de bosque”, como diría Heidegger, para construir la propia “alter-versión”. Todo esto porque, “ (...) en última instancia, las cosas tienen que ser tal como son y tal como han sido siempre: las grandes cosas están reservadas para los grandes, los abismos, para los profundos, las delicadezas y estremecimientos, para los sutiles, y, en general, y dicho brevemente, todo lo raro, para los raros.-”

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Como he dicho antes, esa delación no puede derribar el sistema si por ello entendemos destruir el orden constituido. No puede hacerse, porque esta clase de textualidad, esta discursividad es rechazada por la mayoría de las personas. Recordemos que al comienzo de “Así habló Zaratustra”, éste baja de la montaña para hablar al pueblo, pero el pueblo ser burla de él. Y es sólo después que el pueblo lo ha rechazado que se encuentra la frase “no al pueblo hablará Zaratustra, sino a unos cuantos elegidos”. Lo que equivale a decir que el rechazo a hablar a las masas no es una elección de la discursividad instaurada por Nietzsche, sino una necesidad impuesta por el capitalismo, que ha sabido siempre pervertir, con su ser amorfo, los intentos revolucionarios hasta – y yo añadiría, sobre todo – en el lenguaje.

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Así, por ejemplo, si en el lenguaje corriente el enunciado “ese tipo es raro” - y cabría añadir, por eso practica la filosofía – tiene alguna punta de desprecio, o de no aprobación, de difidencia en suma, asumirse como “raro” de forma afirmativa puede recordarnos que lo raro suele ser muy valioso. Algo que el mismo sentido común bautiza en una frase como “¡Qué rareza”!. Así que ser de vidrio y de dinamita, será raro, pero no necesariamente malo.

El asco que le producía al hombre Nietzsche vivir ya en la cultura decadente de su época, que sigue siendo la nuestra pero con turbinas, le hace escribir cosas como esta: “La náusea frente a la suciedad puede ser tan grande que nos impide limpiarnos...”. Sucede que resulta difícil no experimentar una sensación parecida a la anterior cuando uno observa el turbo-capitalismo utilizar a “(...)la sociedad misma como un medio de guerra”

(...)

Por lo demás, el turbo-capitalismo puede ser considerado como un estado de enfermedad al fomentar la exageración, la desproporción, la falta de armonía en casi todas las dimensiones de la vida. Será por eso, que la textualidad nietzcheana define, a cierta altura, el bien como “una dieta que protege de la exageración, de la falta de armonía y de proporción”. Una dieta a la que el hombre de vidrio debe atenerse para poder seguir siendo dinamita.

(...)

Creo que ahora puede comprenderse que el vidrio - y aún más si está en pedazos – corta, hiere, es peligroso. Será por eso, tal vez, que la textualidad nietzcheana es fragmentaria, despedazada y cortante. El vidrio es como las esquirlas de la granada del “a-tentador”, del “filósofo del terror”, como me gustaría llamar a Nietzsche,

(...)

me despido con el siguiente aforismo extraído de “mi mano invisible” de “Humano, demasiado humano”. Dice así:

“Sólo hasta cierto punto la posesión vuelve al hombre más independiente, más libre: un grado más allá – y la posesión se transforma en dueño, y el poseedor en su esclavo: como tal debe sacrificarle su tiempo, su pensamiento, y desde ese instante se ve obligado a tener una relación, clavado en un lugar, incorporado en un Estado – y todo esto en contra de su más íntima y esencial necesidad”: Ser vidrio, ser dinamita.

3 comentaris:

Evocacions ha dit...

Me l'he hagut de baixar per a llegir-lo en calma. JO volia anar a aquestes conferències. De fet, vaig enviar a l'últim moment uns aforismes meus (amb modèstia). M'encanta que algú parla encara del capitalisme i reflexioni perquè ens hi juguem molt. La tens sencera?

Evocacions ha dit...

Per cert, se m'oblidava. A CAtalunya hi va haver una esquerra llibertària (més o menys)nietzcheana. Per exemple, Peius (Pompeu)Gener (un fantasma, més o menys).

Efrem ha dit...

Sí que la tinc sencera Evocacions, li vaig demanar personalment que me l'enviés perquè volia llegir-la amb calma, perquè en persona va ser impressionant, molt apassionat i amb moltes notes al marge fins al punt que quasi ens fan fora de tant que s'havia allargat la cosa perquè tancaven hehehe!

si em dones el teu correu (que no he trobat al teu blog) o m'envies un e-mail a eefreem@gmail.com, te l'enviaré completa encantat.

És interessant això que dius, no en tenia ni idea!